Viernes 18 julio
Compañeros, compañeras, alcohólicos todos, juventud divino tesoro, he aquí el comienzo:
A las 19:00, hora española peninsular, todo dios en el quiosco de Manolo, Manolo’s kiosco, Campillos, parque. Quien no lleve cinco euros que no venga, he dicho.
El plan es comprar el alcohol (el alcohol siempre lo primero), que consistirá básicamente en vino tinto (Sandevid, a poder ser). Los que no piensen volver a casa hasta dios sabe cuando que se lleven dos bocadillos para el sábado. Los débiles que piensen dormir en su casa esa noche y tengan una fuerza de voluntad suficientemente férrea como para no ser convencidos por los valientes que no lo harán, que no se lleven los bocadillos, ya los harán luego. O que se los lleven, el caso es que al final la comida no la compramos, cada uno que lleve los bocadillos que crea necesario.
Bueno, una vez comprada la bebida y solucionado el problema de la comida, me enorgullezco en comunicaros que tenemos pensado acampar en la estación para sentar una base central en la que recargar alcohol durante el concierto (hasta cierto punto, tiene que sobrar para el día siguiente) y, en caso de emergencia, dormir o descansar. Hay dos tiendas de cuatro plazas cada una, así que hay sitio para unas veinticinco personas. Quiero deciros que esto es para la gente que realmente participe del espíritu de superación, por lo tanto no me extrañaré si tengo que acabar arrastrándome hasta el vagón para llegar a la playa. Absténgase abstemios.
El problema es que por lo visto está prohibido acampar allí, qué le vamos a hacer. Así que nos buscamos un sitio poco visible, y problema solucionado.
A las 22:00 comienza el concierto.
Sábado 19 julio
El sábado, a las 7:50 (así, a pelo), se va el tren. Espero que con nosotros, así que ya sabéis, el sábado todo el mundo en pie a las 7 de la mañana, 7:15 como mucho. Aquí la cosa es clara: el tren se va con nosotros o no, así que más nos vale rezar para tener una resaca que nos permita enterarnos un poco de lo que pasa en el mundo.
Luego ya nos tranquilizamos un poquito en el viaje, pasamos el hangover (resaca en inglés, ya habéis aprendido algo nuevo) y llegamos a Málaga. Allí ya veremos lo que hacemos, la cuestión es llegar. Una vez en la capital respiramos tranquilos, miramos atrás con la vista cansada, y nos tumbamos en la playa. Qué bonito, coño.
Bebemos, nos comemos los bocadillos, bebemos, nos bañamos, bebemos y a las 18:43 sale el tren de vuelta. En cuanto a esta hora, ya planearemos una vez allí, cuando veamos lo lejos que queda la estación, la hora a la que nos iremos de la playa. Pero haceros una idea de que cuando sean las 18:00 no os dé por perderos, porque lo mismo os quedáis a dormir en la playa.
Si todos llegamos a Campillos vivos será una hazaña. Finalmente, como dijo (y bien dijo) mi análogo en los dominios de Rock, Basket y Lo Que Encarte, Jimmy Page: ‘He echado cuentas, y uno, por lo menos, muere.’
miércoles, 16 de julio de 2008
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
